Life sucks, and then you die.


Yeah, I should be so lucky.

lunes, noviembre 24, 2008

Come Sweet Death

Alguien suele decirme que yo soy una mujer exagerada y que por cualquier cosita me ando muriendo, que me propaso con los límites de mi imaginación al tratar de adivinar cual va a ser mi muerte, la cual veo a la vuelta de la esquina todo el tiempo.

Pero anoche no aluciné. Casi me muero.

Tal vez no.

Eran como las ocho, e iba a traerle cereal con leche a mi hija. Para esto, mi habitación esta en un primer piso y tiene escaleras exteriores que dan al patio. Pues yo que me siento que soy la onda del planeta, bajé a oscuras (ni siquiera había luna esta vez) y cuando me faltaban dos escalones por llegar hasta abajo...

ZAS!

...ya no había más escalones. Y mientras mis pies trataban de localizar algún punto firme para apoyarse, mi cuerpo voló una distancia aproximada de dos metros, cual pobre muñequita de trapo.

Mis rodillas y manos amortiguaron la caída y evitaron que mi linda cabecita, de haber tenido terrible suerte, se estrellara contra un desnivel en el suelo, que seguramente hubiera provocado que mi cabeza se abriera y litros de sangre se derramaran.

Afortunadamente, eso no sucedió.

Pero mis rodillas!! La derecha, que fue la que dio primero contra el suelo, quedó bien jodida, con la carne viva en una enorme herida. Mientras la hinchazón y la sangre hacían acto de presencia.

"'¡Mamáaaaaaaaa!"

Después de lo que a mí me pareció una eternidad, llegaron mi madre y mi tío a auxiliarme. Al parecer yo había pegado unos gritos aterradores, mi hija salió toda asustada del cuarto y casi se pone a llorar. Yo ya lo estaba haciendo, no me había dado cuenta hasta ese momento del terrible dolor que sentía. Hasta vino un vecino que oyó mis gritos preguntando si no había pasado nada grave (eso fue un poco vergonzoso).

Finalmente, luego de que todos creyeran que tenía la rodilla rota, resultó que sólo fue un gran madrazo. Hoy camino cojeando, el dolor ha remitido bastante, aunque la herida sigo doliendo como el infierno.

Pero pude haber muerto, que es todo el punto de esta anécdota. Para que luego no digan que en mi primer capítulo de las Crónicas de Muerte - La Caída (leer aquí) , donde la protagonista se mata cayendo de las escaleras, todo es una absurda ficción.

miércoles, noviembre 19, 2008

A shit day at home

Todo comienza cuando despiertas. Y aún así no puedes evitar fijarte que te levantas del lado izquierdo de la cama, pero eso no importa, al fin y al cabo es sólo superchería. Como cuando rompes un espejo, te cruzas con un gato negro, pasas por debajo de una escalera o derramas sal en un lugar inadecuado; nada de eso repercute verdaderamente.

Lo que si te pasa a fregar son los estornudos con los que comienzas, que ni por asomo son causados por el polvo. Te tomas una pastilla esperando que no sea demasiado tarde.

El sol está ya por lo alto, de nuevo te quedaste en la cama más tiempo de lo que deberías. Vas cansadamente a la cocina a desayunar, sólo para darte cuenta, cuando ya te has servido el cereal en un tazón y tienes la cuchara lista en la mano para atacar, de que se acabó la leche. Tu estúpido hermano siempre se la termina y nunca avisa.

Luego de que tu desayuno se ha visto frustrado, escuchas el ruido que hace el camión que se encarga del servicio de limpieza municipal. ¿Acaso escuchaste sonar la maldita campana? Corres lo más aprisa por las bolsas que afortunadamente siempre tienes listas, pero al salir a la calle te encuentras con que el jodido vehículo ya ha pasado, y te ves en la necesidad de perseguirlo por toda la cuadra, hasta donde es la próxima parada. Lo peor de todo es que tienes que pasar en frente de todos los vecinos con el pijama puesto, las pantuflas y el cabello enredado.

Y aún sigues sin desayunar.

Entonces ya es demasiado tarde como para pensar sólo en ti mismo. Preparas el biberón de tu hija, le haces un puré de papa y una gelatina. Ella ya está viendo las caricaturas, sabe perfectamente como prender la tele y está a sólo un segundo de aprender a usar el control remoto.

Ahora tienes que limpiarte la nariz cada cinco minutos, entre los estornudos, claro. Parece que definitivamente te va a dar gripa.

Te encargas del aseo de la cocina, luego de tu cuarto. Y sigues sin probar bocado, pero aún no tienes tiempo. Sacas los vasos vacíos de agua del cuarto de tu hermano, que siempre se empeña en dejarlos desperdigados en todo la habitación con la intención de que coleccionen polvo. Bajas las escaleras, y ahí es cuando sucede. ¿Por qué coño no te has quitado las pantuflas? Tus pies se atoran, tu cuerpo se precipita hacia abajo. Afortunadamente estabas a un solo escalón del piso, la caída no es para nada grave, ni siquiera te dolió tanto, pero lo que te está matando es el maldito pie que se te dobló por usar pantuflas ya a casi medio día.

Das un grito de dolor y sientes ganas de vaciar el estomago, pero luego recuerdas que sigues sin desayunar. Almorzar, lo que sea.

Mamá se va al trabajo, tu hija está por dormir la siesta y tu hermano se está bañando.

Cuando él sale, es tu turno de darte una buena ducha. Te duele el pie y necesitas frotarlo con agua calientita. Por supuesto que el agua es un alivio, la mañana no ha ido muy bien. Cierras la llave para ponerte acondicionador y terminar de enjabonarte. Después de un par de minutos vuelves a abrir la llave para enjuagarte, más caliente que fría. Al poco tiempo cierras aún más la llave del agua fría, tu ducha pierde temperatura. Poco a poco. Hasta que el agua sale totalmente fría. Genial, el estúpido gas se ha terminado.

Le riñes a tu hermano por acabarse el agua fría y vuelven a tener una de esas conversaciones en las que se mandan al otro lado del mundo el uno al otro.

Suena el teléfono, sigues con la bata puesta, y le contestas a una jodida grabadora de teléfonos de México que te dice que como un servicio adicional te están avisando que tu fecha de pago está por vencerse y no te has tomado la molestia de darles ni un centavo de lo que les debes. ¡Que se jodan! Cuelgas el teléfono y te arde el estomago.

Es cierto, aún no desayunas-almuerzas. Pero ya no lo vas a poder hacer porque pronto será hora de comer, ¿qué más da esperar una o dos horas más?

Espero que tu tarde no sea tan mala. Mientras, te dejo escribiendo esto para tu blog.